martes, 8 de noviembre de 2011

Conflictos socio-ambientales y pueblos aymaras II ( Publicado en el diario Los Andes 24-06-2011)

Latinoamérica, ahora mismo es la principal región de inversión en actividades económicas extractivas. Perú, ocupa el segundo lugar en recibir dichas inversiones, precisamente porque cuenta con un marco legal y económico atractivo para los inversionistas. Después de la región de Arequipa, Puno tiene la demanda más alta en solicitudes de concesiones para la exploración de actividades económicas extractivas.

A ese escenario hay que sumarle: la alta rentabilidad que produce la explotación de recursos naturales a un bajo coste económico para las empresas transnacionales; la subida del precio de los minerales y las indistintas medidas tributarias, ambientales o económicas que el Estado otorga para beneficiar a dichas empresas, en lugar de proteger el interés común de la mayoría de los ciudadanos.

Hay muchas otros rasgos que parecen declinar la balanza, a favor de un modelo extractivista depredador que el actual gobierno ha potenciado pero que data de tiempos de la colonia.

Lamentablemente son esas las circunstancias donde se propondrán soluciones al conflicto socio-ambiental en la región de Puno. Que a prácticamente un mes de su visibilización nacional gracias a los pueblos aymaras, si ha demostrado algo, es la total falta de voluntad por parte del gobierno central para entender el conflicto en su real dimensión. Algo que no es de extrañar puesto que este conflicto pone en cuestión su modelo económico. Por otro lado, a autoridades regionales como locales aún les falta mucho trabajo para asumir un rol preponderante en las distintas fases por las que pasan esta clase de conflictos.

Si vamos más allá, este conflicto con todos los argumentos esgrimidos tanto de un lado como del otro, deja en evidencia una fragilidad en la gobernabilidad de esta parte del territorio nacional, no solo en materia ambiental sino también política, económica y social. Los conflictos, si algo demuestran, son las distintas vulnerabilidades de las partes implicadas. Esta cadena de desvelamientos manifestados con este conflicto también ofrecen la oportunidad, y más aún a un gobierno entrante, para poder generar un cambio gradual de ese modelo extractivista depredador. Así lo están haciendo ya otros países sin que esto signifique el fin de las inversiones o el estancamiento del crecimiento.

Necesitamos generar gobernabilidad ambiental en todo el territorio. Según datos de la Defensoría del Pueblo, un 76% de los conflictos socio-ambientales que se registran en el país son consecuencia del escenario al que referimos líneas atrás. No es posible que se discuta la viabilidad de proyectos extractivitas con el gobierno central o regional, sin haber consultado a los principales actores a los que afectará dicha actividad económica. Es evidente que existe una exclusión social que una vez más se ha puesto de manifiesto en el caso del pueblo aymara. Por tanto se debe exigir la ley de consulta previa, que el convenio 169 de la OIT obliga a los países firmantes implementar en sus ordenamientos jurídicos y que en el caso nuestro, fue observado por el ejecutivo una vez que se aprobado por el congreso.

Otra acción que permitiría generar esa gobernabilidad ambiental es el desarrollo de un plan nacional de ordenamiento territorial que además de tomar en cuenta aspectos políticos administrativos, geomorfológicos, socioculturales, ecológicos, urbanos e industriales de cada región, deje en claro que territorios están destinados a la actividad extractiva formal o artesanal, de aquellos otros que son intangibles para dichas actividades. Respetando la diversidad cultural de las regiones y promoviendo consensos que lo doten de legitimidad; ingredientes indispensables para elaborar un ordenamiento territorial con una perspectiva ambiental sostenible.

En esta propuesta de transición gradual a un modelo extractivista más sensato y por qué no a largo plazo, a un modelo de extracción mínimo o indispensable, se tienen que ir tomando medidas de distinto orden bajo esa misma lógica, para así aclarar las reglas de juego que por ejemplo permitan cobrar impuesto a las sobreganancias cuando haya excesivas utilidades para las empresas o regular la priorización del consumo interno, por encima de otros interés económicos, como fue el caso del gas de Camisea.

Finalmente es poco estratégico que los pueblos aymaras y los demás ciudadanos interesados por un desarrollo sostenible de la región de Puno, entren a negociar cuestiones de fondo con el actual gobierno, teniendo presente sus antecedentes. Lo más sensato es ordenar sus argumentos, despejar esas sospechas que los vinculan a los intereses de una minería informal y esgrimirlos ante el nuevo gobierno que tiene la obligación de tomarlos en cuenta dado el amplio apoyo recibido en las elecciones recientes.

martes, 21 de junio de 2011

Conflictos socio-ambientales y pueblos aymaras ( Publicado en Los Andes)

Deconstruir la idea de los conflictos significa en primer orden ser consciente de su permanente acecho, puesto que los conflictos se configuran como condiciones naturales de nuestra sociedad y cultura. En cierta forma un conflicto advierte un cambio, que ya está dentro de nuestra responsabilidad, en sus niveles distintos, ofrecer soluciones justas con su realidad mediata. Esto no quiere decir que no analicemos las causas y graves consecuencias que acarrean los conflictos, para poder comprender el fenómeno en su total dimensión, disminuir sus costos y exigir a los actores sociales y políticos asuman las responsabilidades del caso.

El medio ambiente está siendo un escenario donde acontecen cada vez más conflictos, de ahí que hasta tenga su taxonomía propia y lo denominemos conflictos socio-ambientales. La pugna por el uso, manejo, transformación, apropiación y control de los recursos naturales inevitablemente conducen a conflictos; puesto que se enfrentan intereses, necesidades y objetivos de los distintos actores sociales y políticos. En Latinoamérica estos conflictos se han ido agudizando por causas estructurales, marcadas por la dependencia, las asimetrías sociales y el autoritarismo de los gobiernos para solucionarlos, muchas veces representando intereses económicos privados.

A estos conflictos socio-ambientales los primeros en reaccionar de forma categórica han sido los pueblos indígenas. A pesar de su marginalidad dentro de la construcción de esos mismos Estados, su reacción no se ha dejado esperar, entre otras razones porque esta constituye la defensa última de sus territorios y el acceso a los recursos naturales que ahí albergan. Esto se hace más evidente cuando los canales de interlocución institucional nunca supieron relacionarse con este sector de la población. De esta manera los conflictos socio-ambientales ponen de manifiesto una tarea pendiente tanto del lado del Estado como de la comunidad u organizaciones indígenas: fortalecer las instituciones en sus distintos niveles para no estar apagando incendios permanentemente.

El conflicto socio- ambiental, específicamente el conflicto minero en la región del Puno, posee características propias de distinto orden. Conocemos algunas de ellas, identificadas como históricas desde donde podríamos partir y llegar a nuestra situación actual. Entonces puesto que ha sido el pueblo aymara el primero en movilizarse y exigir una región libre de minería en el sur peruano, deberíamos interesarnos y conocer quiénes son esos compatriotas y bajo que justificación piden una región libre de minería. La gran mayoría urbana en nuestra región de Puno, no ha ido más allá de la mera descalificación de las movilizaciones, desmarcándose tajantemente de estas reivindicaciones; lo cual denota el poco interés por preguntarse qué región del país es que habitan.

El segundo punto es preguntarnos cuáles son esas justificaciones que han llevado al pueblo aymara a exigir una región libre de minería; en este apartado sobran justificaciones que avalan el pedido. Me referiré a una de orden cultural y otra de orden ambiental, solo por nombrar un par de razones.

En esa tensión permanente del Estado y los pueblos indígenas hay dos lógicas que se enfrentan respecto al medio ambiente. Una que concibe a la naturaleza como recurso natural y otra que concibe a la naturaleza como espacio de vida. Desde esta perspectiva el Estado peruano puede concesionar todo lo materialmente explotable. Es por ello que el pueblo aymara apela a su propia cosmovisión para salvar el territorio donde realiza su vida cotidiana y de esta manera el “suma qamaña” o el “buen convivir” adquiere sentido. Esta defensa contundente del pueblo aymara va de la mano del último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que señala principalmente las consecuencias de una economía extractivista y donde nos dice por ejemplo, que la extracción de minerales devora el 7% de la energía consumida en el mundo y dispara las emisiones de CO2 responsables del calentamiento global. Además esta actividad muestra un desacople entre el ritmo de crecimiento y el ritmo de consumo de recursos. Solo en el siglo XX la extracción de minerales se multiplico por 27, una tasa desorbitada respecto al crecimiento económico. También señala que ahora mismo se necesita remover el triple de material para extraer la misma cantidad de mineral que hace un siglo; así como se ha multiplicado por la misma cantidad el consumo de agua y energía para tal labor. Finalmente los autores del estudio anuncian que la era de la explotación sencilla y barata de los minerales está por terminar.

Seguro que habrá más razones que justifiquen el pedido del pueblo aymara, pero es tiempo también de buscar soluciones duraderas a este conflicto, lo cual merece ser materia de otro artículo.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Activismo político y Facebook (Publicado en los Andes)

El sociólogo Charles Tilly, dedicó gran parte de su vida al estudio de los movimientos sociales, dejando en la última obra de una vasta producción de más de 50 títulos, un interesante análisis sobre el futuro de este fenómeno. Tilly murió antes de la publicación de “Los movimientos sociales 1768- 2008, desde sus orígenes al Facebook” (2010- Crítica, Barcelona), libro que de alguna forma fue un esfuerzo de síntesis de su larga experiencia investigativa, donde combino su cabal conocimiento de la historia, la sociología y el análisis político.

La obra narra los inicios de los movimientos sociales con las protestas populares de distinta índole que atravesó Inglaterra a mediados del Siglo XVIII, para posteriormente estudiar la expansión de este fenómeno como instrumento de trasformación social en los siglos siguientes, hasta llegar a nuestra actual época de globalización y nuevos medios de comunicación. Así como para el siglo XIX la imprenta supuso un medio de comunicación importante para la propagación de los movimientos sociales, o de la misma manera la radio y televisión lo fueron en el siglo XX, en nuestro siglo internet y concretamente el Facebook se ha convertido en ese medio capaz de interconectar y hasta movilizar a miles de ciudadanos. La utilización de este medio es ya habitual y sus efectos los hemos podido comprobar con la elección de Obama, los movimientos de insurrección árabe -que muchos no imaginaron posible por esa falta de conocimiento que tenemos sobre la cultura árabe musulmana- o los efectos más mediáticos en las actuales elecciones presidenciales de nuestro país.

El estudio de los movimientos sociales es complejo y no pretendemos desglosar aquí lo que a Tilly le mereció toda una vida de investigación; sin embargo una de sus principales conclusiones es que a mayor número de movimientos sociales, mayor será la presencia de las instituciones democráticas y de mejor manera se podrá fomentar su funcionamiento. Es el sentido que hoy recobra la expresión “movimiento social “, una especie de contrapeso a los atropellos del poder opresivo con un llamamiento claro a la acción popular para hacerle frente a un amplísimo abanico de amenazas.

Son distintos los movimientos sociales pues varían desde reivindicaciones locales, regionales a internacionales. Aunque parece ser la internacionalización el futuro de muchas de ellas como es el caso de movimientos de derechos humanos, ambientalistas o antiglobalización. Todas diversas en sus fines, tanto como en su unidad y número, utilizan hoy medios digitales para mantener más activos a sus miembros o establecer alianzas supranacionales. No obstante, no son estos movimientos los únicos que hacen uso de estos medios con fines políticos, como es lógico también dichos medios son utilizados desde las órbitas del poder económico o político. Tilly nos advierte en este punto, que debemos andar con cuidado antes de decantarnos por el determinismo de las comunicaciones, puesto que su utilización no nos asegura el éxito de los objetivos de dichos movimientos, ya que actualmente existe una desigualdad en el acceso a la tecnología y más aun se experimenta una relación asimétrica entre los productores de contenidos de información y consumidores de estas.

Son esos medios de comunicación los mismos que utilizamos a diario más allá de nuestra simpatía o no con los movimientos sociales. Medios como el Faceboock que lamentablemente no ha sabido cumplir ni siquiera un rol informativo en este proceso electoral, ni mucho menos de movilización o activismo político. Al contrario el Faceboock ha sido la plataforma para reavivar esos sentimientos reprimidos que están presentes en sus usuarios mayoritarios, aquellos que creen que el Facebook es su feudo pues su título universitario o su condición de clase así lo determinan y por ello convierten dicha herramienta comunicativa en un escenario de intolerancia y racismo.

Lo cierto es que aunque el Facebook actualmente es una especie de escaparate donde la vanidad y superficialidad de las relaciones sociales toman el protagonismo, eso no es razón suficiente para que alentados por el miedo colectivo basado en un supuesto perjuicio económico para el país, salgamos a ese escaparate y colguemos agravios vergonzosos o para que en nombre de la ética y los principios insultemos al adversario político. Aunque sea precisamente eso lo que también está en juego en estas elecciones: seguridad económica vs principios éticos.

http://www.losandes.com.pe/Opinion/20110517/49932.html

martes, 19 de abril de 2011

Dos lecturas del documento de Banco Mundial (publicado en el diario Los Andes)

A propósito del documento preparado por el Banco Mundial: El Perú en el umbral de la nueva era. Un documento de obligatoria lectura para comprender los logros macroeconómicos de nuestra última década, pero también para apuntar las desatenciones que en ese mismo periodo hemos mantenido.


Son dos lecciones, cuanto mínimo, las que nos ofrece la lectura de dicho documento. Veamos una primera lectura, enmarcada desde la lógica del Banco Mundial, que focaliza su atención prioritariamente en el crecimiento económico. De esa manera el documento hace un recuento sobre las transformaciones económicas de los últimos 20 años que ha experimentado nuestro país. Donde aplaude ese crecimiento sostenible, producto de una liberalización económica promovida desde el gobierno, pero que también reconoce la influencia de los altos precios de los minerales, que son una nuestras principales fuentes de recaudación. Y por supuesto sugiere que para la consolidación de dicho crecimiento, hace falta aplicar una seria de medidas que llevarían a la futura administración a la consolidación de nuestro crecimiento económico con un desarrollo más incluyente.


Estas recetas muy acostumbradas a darlas, son como deberían ser: Pragmáticas. Y antes de sacramentarlas deberíamos empezar por discutirlas. Pero veamos panorámicamente cuáles son esas recetas. Para el Banco Mundial son tres áreas las de mayor importancia: La primera y la más atinada, son las recomendaciones sobre el fortalecimiento de la gobernabilidad, es decir, las tareas que deberíamos hacer para tener un estado más efectivo y eficiente, donde exista una planificación a largo plazo con una visión estratégica; además de coordinación intergubernamental y responsabilidad por los resultados para efectuar la rendición de cuentas. En líneas generales las recomendaciones son claras, ordenar la casa, a pesar de su terminología empresarial, son cuestiones necesarias para modernizar el Estado. La segunda tarea pendiente sugerida por el Banco Mundial, es la expansión de la infraestructura; nadie puede ser indiferente a saber que el acceso a los servicios de agua potable, electricidad y saneamiento tiene un impacto sobre el desarrollo y bienestar de la sociedad, en ese orden, infraestructura para cerrar brechas de desigualdad. La deficiente infraestructura no debería ser vista en primer orden como un factor que obstaculiza la inversión y esta a su vez la que afecte el crecimiento económico. El orden de la agenda determina las prioridades y quizás ese sea uno de los recurrentes errores de lógica economicista que suele aplicar en sus documentos el Banco Mundial.


Finalmente el tercer pilar sobre el que descansaría la esperada consolidación del crecimiento económico con inclusión, seria el mejoramiento de las habilidades, del capital humano al servicio del empleador. Donde se describe detalladamente que tipo de habilidades son necesarias para lograr un impacto en el crecimiento económico, además de apuntar nuestra pésima calidad educativa. Lo cierto es que muchas de las sugerencias en este capítulo, están suscritas desde la perspectiva de una “educación” economicista, es decir una identificación de lo que quiere el mercado, para elaborar ese perfil de trabajador, una educación para las demandas de un empleador, una educación que prescinde de valores cívicos y se convierte en un medio para alcanzar la consolidación del dichoso crecimiento económico, una suerte de instrucción técnica.


La verdadera educación no solo consiste en enseñar a pensar sino también en aprender a pensar sobre lo que se piensa; antes que nada la educación es la revelación de nuestra humanidad; por tanto no solo es necesario la instrucción técnico- científica sino además una educación cívico- moral. Es decir que la preparación técnica a la que se refiere el documento del Banco Mundial es carente del básico desarrollo de las capacidades morales o de una minina disposición de independencia política y por ende no potenciará personas verdaderamente educadas, sino simples robots asalariados. La educación humanista cosiste ante todo en fomentar e ilustrar el uso de la razón, esa capacidad para observar, abstraer, deducir, argumentar y concluir de manera lógica.


Desde esta perspectiva proponemos una segunda lectura al documento del Banco Mundial; la entidad cuya función principal es ser el acreedor de 30 mil millones de dólares al año en calidad de préstamos a los países en desarrollo. Y como acreedor sus injerencias no solo tiene que ver con recomendaciones sino muchas veces con clausulas cerradas, que en tiempos de elecciones presidenciales se encargan de recordarlas a través de estos documentos, con un mensaje claro al próximo mandatario: “Aplaudimos los logros pero estas son las tareas que aún te faltan por realizar”.


Por tanto una segunda lectura tiene que abarcar las desatenciones que trajo consigo la priorización de los índices macroeconómicos, esto es: su deficiente inversión en políticas públicas, su carente preocupación por fortalecer las instituciones democráticas, las consecuencias de su modelo extractivitas; acompañadas de la responsabilidades que se derivan por su abandono.


No obstante hay mucho que aprender de este periodo y de la rigurosidad de dicho documento en el aspecto económico. Está claro que dentro del Banco Mundial quien tiene posiciones de poder más privilegiadas, así como equipos de investigación más prestigiosas son los economistas; sin embargo al tener como uno de sus principales mandatos la reducción de la pobreza, pues bien debería implementarse de manera explícita su política en derechos humanos; redistribuyendo posiciones de poder y equipos de investigadores interdisciplinarios. Sin duda que los futuros documentos del Banco Mundial gozarían de un equilibrio entre cifras macroeconómicas y resultados en políticas de derechos humanos.



(Publicado el 17 de abril en el diario Los Andes por Luis Hallazi)

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Comentarios en torno a un “desajuste generalizado” por Luis A. HALLAZI

El tercer ensayo de Amin Maalouf es un diagnóstico inquietante, escrito con suma claridad, que nos lleva a reflexionar sobre un desajuste generalizado[1]. El logro de su obra ensayística radica en un equilibrio entre razón ilustrada y emoción.
Si en su primer ensayo, Las cruzadas vistas por los árabes (1983), el autor ya planteaba que la principal causa de que el Oriente árabe siga viendo a Occidente como enemigo natural, es el análisis histórico que se ha hecho de las cruzadas; en su segundo ensayo, Identidades asesinas (1998), nos alerta sobre ese mismo desconocimiento histórico, sus consecuencias y el peligro de refugiarse en la defensa de una identidad única. De esta forma llegamos a El desajuste del mundo, cuando nuestras civilizaciones se agotan, donde Maalouf narra los distintos hechos de nuestra historia reciente demostrándonos que su oficio literario es una garantía para que el lector reflexione y se sienta partícipe de estos tiempos.
La vasta obra literaria y ensayística de Amin, es premonitoria respecto al análisis de las causas de tensión entre dos mundos supuestamente distintos: el Oriente árabe y Occidente. Además su experiencia como ciudadano libanés y francés, le otorga una legitimidad que le permite ser sumamente crítico, tanto con la cultura que lo vio nacer como con la que le vio crecer.
El autor se pregunta con inquietud “si nuestra especie no ha llegado, por decirlo de alguna manera, al umbral de incompetencia ética, si sigue acaso avanzando, si no acaba quizás de iniciar una regresión que pone en entredicho lo que tantas generaciones sucesivas se habían esforzado por edificar”[2]. Y, para dejar clara su postura desde el principio, confiesa que su credo es el de un ilustrado. Amin es árabe, mas no musulmán; en su última novela autobiográfica Orígenes[3] nos ofrece una nostálgica mirada a sus antepasados, una familia melquita católica. En la novela va reconstruyendo su pasado a partir de las cartas guardadas de su abuelo; reconociendo entre ellos a místicos y masones, comerciantes y profesores; todos soñadores, políglotas y cosmopolitas. Esta revisión es una manera de saldar cuentas con sus orígenes, donde nos desvela detalles que nos permiten conocer al narrador de El desajuste del mundo, y las razones por las que apuesta por la construcción de un mundo global basado en valores universales. Amin Maalouf es un cosmopolita, se deduce de su obra, y es también un defensor de la pluralidad y la diversidad; siente un gran temor por la extensión del fanatismo, la violencia, la exclusión y la desesperación que percibe en el mundo árabe musulmán. Maalouf, nos advierte sobre la penetración social de una lógica del desencuentro que interpreta el mundo desde una oposición, de nosotros y ellos, y apunta a la rivalidad actual como una vía muerta, sin dirección ni sentido. A su vez, Maalouf ensaya respuestas a esa realidad y propone la búsqueda de un punto de encuentro, de un pacto humanista que redirija las fuerzas a un terreno de lo común y lo compartido(...)
_____________________________
[1] Amin Maalouf, escritor libanés exiliado desde 1975 en Francia, reciente Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2010. Además, estudio Economía, Política y Sociología. Trabajó como periodista y autor de novelas históricas, entre ellas León el Africano o La roca de Tanios (Premio Goncourt 1993).
[2] MAALOUF, Amin (2009), El desajuste del mundo, cuando nuestras civilizaciones se agotan, Alianza Editorial, Madrid, p. 13.
[3] MAALOUF, Amin (2004), Orígenes, Alianza Editorial, Madrid.

miércoles, 30 de junio de 2010

Algunos apuntes sobre los pueblos indigenas de los andes peruanos

En esta zona existe una distancia cada vez más creciente entre las instituciones gubernamentales y los pueblos indígenas, cuya relevante presencia en esta región no se traduce en una equivalente capacidad decisoria en los asuntos que les afectan; dado que los mecanismos convencionales de participación política muchas veces son incapaces de traducir las demandas más consensuadas de los pueblos indígenas de los andes peruanos.

Debemos tomar en cuenta, que son estos pueblos indígenas los que responden al índice de pobreza y en la gran mayoría extrema pobreza en el Estado peruano[1], precisamente por su exclusión social a lo largo de la etapa republicana. Otro antecedente que nos permite resaltar la importancia sobre la exclusión social de estas poblaciones es que son las mismas que sufrieron la mayor pérdida de vidas en la etapa de convulsión social máxima, que atravesó el Estado peruano entre los años 1980 y 2000, donde el 70% de las víctimas eran indígenas[2]. Esta marginalidad se ha manifestado en la dificultad que ha existido y existe al momento de establecer el concepto mismo de indígena; que desde la época colonial pasando por la independencia hasta la época republicana, siempre ha causado debates según las coyunturas y la perspectiva que se viera. En la actualidad, podemos distinguir los conceptos y denominaciones que se manejan desde el plano oficial, los del mundo académico, los de las organizaciones indígenas (en muchos casos influidas por los convenios internacionales) y, por último y muy importante, los que asumen los sujetos originarios del ande y de la amazonía; que muchas veces no aceptan o desconocen las clasificaciones impuestas desde fuera de su propio devenir sociocultural local o regional. Esto es un inconveniente sobre todo en los andes peruanos, donde existe un proceso latente de “desindigenización” que tomaremos en cuenta para efectos de nuestro estudio. Sin embargo, de manera general se han determinado cambios en la estructura socioeconómica que se iniciaron particularmente en el área rural con el proceso de reasignación de la propiedad de la tierra que significó la Reforma Agraria de 1969 promovido por el autodenominado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, liderado tras un golpe de Estado por Juan F. Velasco Alvarado. Donde se reconoció la existencia política de las comunidades indígenas, tanto andinas como amazónicas, lo que significó, a pesar de las circunstancias ilegitimas de tomar el poder, cambios sociopolíticos a favor del reconocimiento de las poblaciones indígenas. Posteriormente, dicho reconocimiento de derechos es planteada en el nivel internacional y asumidas por el Estado peruano[3]. Con ello el término indígena se abrió nuevamente paso en la legislación peruana y viene siendo reivindicado por algunos movimientos indígenas, particularmente amazónicos, que se sirven del Convenio 169 de la O.I.T. donde amparan distintos derechos; principalmente cuando se trata de reivindicar mecanismos de participación política que les permitan tomar parte en las decisiones que afecten a su territorio o el acceso a los recursos naturales.

En el plano oficial, se mantiene la clasificación de comunidad campesina y comunidad nativa, y se agrega la de pueblos indígenas. Pese a estos virajes a favor de los derechos indígenas, muchos campesinos, principalmente del ande, no se autoperciben como "indígenas", ni esgrimen explícitamente propuestas de identidad étnica, debido precisamente al temor de discriminación que este término genera y al rechazo a una categoría que sigue siendo considerada, desde su perspectiva y la de amplios sectores de la población no indígena, como propia de una condición social y ciudadanía subordinada.

Ante estas circunstancias sociopolíticas, es que intento abordar desde los estudios de la ciencia política, cual es el problema relevante, sin perder en cuenta que me hallo en un escenario de observación muy dinámico. Describiré el contexto que me permitió reparar en mi objeto de estudio, el cual es la participación política de los pueblos indígenas en el marco de los distintos conflictos territoriales y de acceso a los recursos naturales que en la última década han sido una constante, debido a la alta actividad de exploración y explotación de recursos minerales principalmente, que enfrenta a las comunidades indígenas de los andes con el Estado peruano y como intermediarios dentro de estas disputas se encuentran las empresas privadas.

Varios han sido los casos en que las disputas por estos recursos, terminan en enfrentamiento, donde finalmente las discrepancias terminan imponiéndose por la presión de la movilización en las calles y las carreteras puesto que las poblaciones no son escuchadas por las líneas democráticas. En la totalidad de estos enfrentamientos, los pueblos indígenas se han opuesto a un tipo de “desarrollo” altamente contaminante a nivel de salud pública en lo que respecta a sus actividades económicas, este tipo de inquietudes, son las que me han hecho preguntar ¿Qué hay detrás de esas protestas?, ¿Qué aportan estas movilizaciones indígenas un Estado democrático?, ¿Existe una propuesta que va más allá de la defensa de su territorio y el acceso los recursos naturales? Sin duda que estas preguntas han desencadenado otras de orden epistemológico ¿Qué tipo de estudios se han preocupado por estos aspectos?, ¿Qué sabemos y qué desconocemos de estos fenómenos políticos? Estas preguntas nos permitirán explicarnos cuáles son las raíces de los intereses de cada actor político y la manera teórica más oportuna de aproximarnos a ella es estudiar los hechos desde los distintos canales de participación política que ofrece un Estado democrático, en paralelo a la legitimidad de los movimientos sociales como constructoras de acción política participativa dentro de un marco jurídico nacional e internacional...



[1] El problema de la pobreza sigue vigente en el Perú de hoy, donde más del 40% de la población vive en estado de pobreza y cerca del 18% se encuentra en una situación de pobreza extrema. Es necesario apuntar que los niveles altos de pobreza se siguen manteniendo en la Sierra y Selva en el ámbito rural; donde precisamente es lugar geográfico en que se encuentran asentados los pueblos indígenas de los andes peruanos. Estos son extraídos del informe técnico del 2007 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (I.N.E.I.)

[2] Estos son los años que comprende el estudio de una comisión ad hoc denominada Comisión de la Verdad y Reconciliación (C.V.R.) que investigó los hechos de dicha violencia entre las agrupaciones de Sendero Luminoso, el Movimiento Rebelde Túpac Amaru y las fuerzas militares des Estado peruano. Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Tomo IV, capitulo 1, violencia en las regiones p.p 250 y s.s.

[3] El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (O.I.T.) reconocido por el estado peruano en 1994.

** La versión completa de dicho artículo se puede solicitar al correo electrónico

martes, 22 de junio de 2010

Soberanía alimentaria, un derecho a la vida: el caso de los andes peruanos

Luis Alberto Hallazi Méndez

Universidad Autónoma de Madrid

Resumen

Es hora de que la comunidad defensora de los derechos humanos se percate de un patrón que se está extendiendo por todo el mundo: comunidades diversas que vivían en cierta armonía ahora tiene que vivir en alarma constante debido a las amenazas socio económicas y políticas, inducidas por los gobiernos a favor de empresas trasnacionales. Gobiernos que pretenden generar dependencia alimentaria en las distintas etapas que abarcan: la producción, distribución y consumo, sea desde el control de las semillas, hasta el consumo final de organismos modificados genéticamente (OMG) llamados transgénicos.

En tanto, este artículo analizará brevemente el caso de los andes peruanos (Puno), una agricultura caracterizada por la producción campesina y la consecuente inseguridad alimentaria que generaría las recientes políticas gubernamentales como los tratados de libre comercio (TLC) con los Estados Unidos y China, vinculando aspectos como los derechos de propiedad intelectual, el control de las importaciones y exportaciones, la producción y distribución de alimentos, la protección de la biodiversidad.

Por tanto lo que se pretende con este breve analices es buscar mecanismos para defender el derecho a una soberanía alimentaria, como el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas sustentables, garantizando el derecho a la alimentación para toda la población con base en la pequeña y mediana producción, respetando las culturas y la diversidad de los modos campesinos e indígenas de producción y comercialización agropecuaria, y su respectiva gestión de espacios rurales.

Palabras clave: tratado de libre comercio, propiedad intelectual, agrocombustibles, transgénicos.

++ Versión completa beto_ven21@hotmail.com