martes, 19 de abril de 2011

Dos lecturas del documento de Banco Mundial (publicado en el diario Los Andes)

A propósito del documento preparado por el Banco Mundial: El Perú en el umbral de la nueva era. Un documento de obligatoria lectura para comprender los logros macroeconómicos de nuestra última década, pero también para apuntar las desatenciones que en ese mismo periodo hemos mantenido.


Son dos lecciones, cuanto mínimo, las que nos ofrece la lectura de dicho documento. Veamos una primera lectura, enmarcada desde la lógica del Banco Mundial, que focaliza su atención prioritariamente en el crecimiento económico. De esa manera el documento hace un recuento sobre las transformaciones económicas de los últimos 20 años que ha experimentado nuestro país. Donde aplaude ese crecimiento sostenible, producto de una liberalización económica promovida desde el gobierno, pero que también reconoce la influencia de los altos precios de los minerales, que son una nuestras principales fuentes de recaudación. Y por supuesto sugiere que para la consolidación de dicho crecimiento, hace falta aplicar una seria de medidas que llevarían a la futura administración a la consolidación de nuestro crecimiento económico con un desarrollo más incluyente.


Estas recetas muy acostumbradas a darlas, son como deberían ser: Pragmáticas. Y antes de sacramentarlas deberíamos empezar por discutirlas. Pero veamos panorámicamente cuáles son esas recetas. Para el Banco Mundial son tres áreas las de mayor importancia: La primera y la más atinada, son las recomendaciones sobre el fortalecimiento de la gobernabilidad, es decir, las tareas que deberíamos hacer para tener un estado más efectivo y eficiente, donde exista una planificación a largo plazo con una visión estratégica; además de coordinación intergubernamental y responsabilidad por los resultados para efectuar la rendición de cuentas. En líneas generales las recomendaciones son claras, ordenar la casa, a pesar de su terminología empresarial, son cuestiones necesarias para modernizar el Estado. La segunda tarea pendiente sugerida por el Banco Mundial, es la expansión de la infraestructura; nadie puede ser indiferente a saber que el acceso a los servicios de agua potable, electricidad y saneamiento tiene un impacto sobre el desarrollo y bienestar de la sociedad, en ese orden, infraestructura para cerrar brechas de desigualdad. La deficiente infraestructura no debería ser vista en primer orden como un factor que obstaculiza la inversión y esta a su vez la que afecte el crecimiento económico. El orden de la agenda determina las prioridades y quizás ese sea uno de los recurrentes errores de lógica economicista que suele aplicar en sus documentos el Banco Mundial.


Finalmente el tercer pilar sobre el que descansaría la esperada consolidación del crecimiento económico con inclusión, seria el mejoramiento de las habilidades, del capital humano al servicio del empleador. Donde se describe detalladamente que tipo de habilidades son necesarias para lograr un impacto en el crecimiento económico, además de apuntar nuestra pésima calidad educativa. Lo cierto es que muchas de las sugerencias en este capítulo, están suscritas desde la perspectiva de una “educación” economicista, es decir una identificación de lo que quiere el mercado, para elaborar ese perfil de trabajador, una educación para las demandas de un empleador, una educación que prescinde de valores cívicos y se convierte en un medio para alcanzar la consolidación del dichoso crecimiento económico, una suerte de instrucción técnica.


La verdadera educación no solo consiste en enseñar a pensar sino también en aprender a pensar sobre lo que se piensa; antes que nada la educación es la revelación de nuestra humanidad; por tanto no solo es necesario la instrucción técnico- científica sino además una educación cívico- moral. Es decir que la preparación técnica a la que se refiere el documento del Banco Mundial es carente del básico desarrollo de las capacidades morales o de una minina disposición de independencia política y por ende no potenciará personas verdaderamente educadas, sino simples robots asalariados. La educación humanista cosiste ante todo en fomentar e ilustrar el uso de la razón, esa capacidad para observar, abstraer, deducir, argumentar y concluir de manera lógica.


Desde esta perspectiva proponemos una segunda lectura al documento del Banco Mundial; la entidad cuya función principal es ser el acreedor de 30 mil millones de dólares al año en calidad de préstamos a los países en desarrollo. Y como acreedor sus injerencias no solo tiene que ver con recomendaciones sino muchas veces con clausulas cerradas, que en tiempos de elecciones presidenciales se encargan de recordarlas a través de estos documentos, con un mensaje claro al próximo mandatario: “Aplaudimos los logros pero estas son las tareas que aún te faltan por realizar”.


Por tanto una segunda lectura tiene que abarcar las desatenciones que trajo consigo la priorización de los índices macroeconómicos, esto es: su deficiente inversión en políticas públicas, su carente preocupación por fortalecer las instituciones democráticas, las consecuencias de su modelo extractivitas; acompañadas de la responsabilidades que se derivan por su abandono.


No obstante hay mucho que aprender de este periodo y de la rigurosidad de dicho documento en el aspecto económico. Está claro que dentro del Banco Mundial quien tiene posiciones de poder más privilegiadas, así como equipos de investigación más prestigiosas son los economistas; sin embargo al tener como uno de sus principales mandatos la reducción de la pobreza, pues bien debería implementarse de manera explícita su política en derechos humanos; redistribuyendo posiciones de poder y equipos de investigadores interdisciplinarios. Sin duda que los futuros documentos del Banco Mundial gozarían de un equilibrio entre cifras macroeconómicas y resultados en políticas de derechos humanos.



(Publicado el 17 de abril en el diario Los Andes por Luis Hallazi)

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